1,40 metres
Aqui estoy, tirado en una de las terrazas de la casa esperando a que se acuerden de mi.
Es verano, justo la época en que mis dueños me usan, así que no tardarán mucho en buscarme y llevarme con ellos y por fin volver a humedecer mi seca piel y mi cuerpo esponjoso.
Por fin, llega mi dueño y me atrapa con sus fuertes manos, llevándome, danto tumbos desde la terraza hasta la calle, cargado con su mochila mientras emocionado cuenta que se va a la piscina conmigo. Que grandes ratos vamos a pasar.
Tras un breve paseo enrollado a su cintura llegamos a la "pisci", como la llama el. Nada mas llegar me paro en la lectura de una pequeña hoja pegada con celofán a una de las duchas "NO SE PODRÁ USAR EL CHURRO A PARTIR DE LOS 1,40m" Pienso, que absurdo el texto del cartel.
Mi dueño me tira al agua y luego se lanza sobre mi, me encantan estos juegos. Tras un breve rato manoseándome por todos lados me coge con las dos manos y empieza a avanzar hacia la zona de la piscina que menos cubre.
Voy pasando por la indicación de 1 metro, 1.10 metros, mientras, saludo a rosa, verde, azul, morado y amarillo - ¿Donde vas? - me dicen - Hacia la zona profunda - les contesto. En ese mismo instante paso por la marca de 1.40 metros y sigo avanzando. En ese mismo momento un escalofrío atraviesa cada uno de mis poros, mi cuerpo se estremece al ver, en el fondo de la piscina, multitud de churros, unos esqueléticos, otros aún agonizando, en el fondo de la piscina.
En ese momento mi cuerpo empieza a sufrir convulsiones, me mareo y empiezo a hincharme como una esponja dentro del agua. Poco a poco voy perdiendo el conocimiento y me escurro de las manos de mi dueño, mientras caigo poco a poco al fondo, ahi, en el fondo, rodeado de amigos que conocí este verano y el pasado expiro por última vez.
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